Levantarse del escritorio sí puede mejorar el trabajo: la ciencia revela el poder de los microdescansos

11 de agosto de 2026 · admin

Una empleada se levanta de su escritorio, camina unos metros, intercambia algunas palabras con un compañero y vuelve a sentarse para continuar con sus pendientes. La escena parece demasiado cotidiana como para tener alguna relevancia, pero una investigación de la Universidad de Queensland encontró que este tipo de pausas breves, cuando se combinan con una organización activa del trabajo, pueden tener un efecto positivo sobre la energía y la motivación de los trabajadores.

El estudio, realizado por el equipo de la profesora asociada Stacey Parker y publicado en el Journal of Business and Psychology, analizó cómo las llamadas microbreaks o micropausas modifican la experiencia cotidiana de quienes trabajan en oficinas. Los resultados sugieren que descansar durante algunos instantes no necesariamente significa perder productividad; por el contrario, puede ayudar a recuperar recursos físicos y mentales para afrontar las siguientes tareas.

“Hay muchas cosas que la gente puede hacer para mantenerse motivada y con energía en el trabajo, como dar una caminata rápida, conversar con un colega u organizar los objetivos del día”, explicó Parker. La investigación pone así el foco en acciones muy sencillas que pueden incorporarse a la jornada sin necesidad de interrumpirla durante largos periodos.

Para estudiar estos comportamientos, los investigadores observaron a trabajadores de oficina durante su actividad cotidiana. Los participantes utilizaron monitores de frecuencia cardíaca y respondieron encuestas breves a lo largo del día, lo que permitió analizar tanto aspectos fisiológicos como percepciones relacionadas con energía, motivación y desempeño.

¿Qué son los microdescansos y por qué pueden ayudar?

Los microdescansos son pausas muy cortas que pueden durar desde unos cuantos segundos hasta varios minutos. No necesariamente implican abandonar el lugar de trabajo ni realizar una actividad completamente ajena a las obligaciones laborales.

Mirar por la ventana, respirar profundamente, estirarse, levantarse para caminar unos minutos o conversar brevemente con un compañero son algunos ejemplos. La idea central es interrumpir durante un momento la concentración sostenida que exige una tarea para permitir cierta recuperación física y mental.

De acuerdo con los resultados del estudio, estos pequeños intervalos pueden ser todavía más útiles cuando se combinan con acciones destinadas a organizar el propio trabajo. En lugar de limitarse a desconectarse unos minutos, una persona puede aprovechar ese momento para revisar sus prioridades, reorganizar su lista de pendientes o pensar en los siguientes pasos de un proyecto.

Esta combinación parece ser especialmente importante. Los investigadores identificaron que las personas que mezclaban estrategias restaurativas, como los descansos, con comportamientos activos de organización alcanzaban mejores niveles de energía, motivación y sensación de control.

Caminar, conversar y ordenar las tareas

Una de las estrategias más sencillas consiste simplemente en levantarse y caminar durante algunos minutos. Alejarse temporalmente del escritorio permite cambiar de postura, activar el movimiento y romper con la monotonía de permanecer concentrado durante periodos prolongados frente a una pantalla.

Otra posibilidad es mantener una conversación breve con un colega. Un intercambio de palabras puede funcionar como una pequeña desconexión de la tarea que se estaba realizando y favorecer la recuperación de la motivación. No se trata de convertir la jornada laboral en una sucesión de interrupciones, sino de introducir momentos breves de recuperación.

También puede ser útil dedicar unos minutos a reorganizar las prioridades. Cuando una lista de pendientes parece abrumadora, detenerse para decidir qué debe resolverse primero puede proporcionar una mayor sensación de control. En este caso, la pausa no significa dejar de trabajar, sino cambiar temporalmente el tipo de actividad para regresar a las tareas con una dirección más clara.

Los estiramientos son otra alternativa sencilla. Mover el cuello, los hombros, los brazos o la espalda durante unos instantes puede ayudar a interrumpir la postura estática que suele acompañar al trabajo de escritorio.

Finalmente, también puede resultar beneficioso detenerse a reconocer los avances realizados y pensar en los siguientes pasos. Esta reflexión puede ayudar a conectar las actividades cotidianas con los objetivos generales y reforzar la sensación de propósito.

La combinación que parece marcar la diferencia

Uno de los datos más llamativos de la investigación es que la combinación de microdescansos con estrategias activas de organización del trabajo fue poco frecuente. Según el análisis, este patrón apareció solamente en alrededor del 6% de las más de 600 horas de trabajo estudiadas.

Parker señaló que aproximadamente una cuarta parte de los empleados podía clasificarse como “estrategas efectivos”, es decir, personas que utilizaban regularmente diferentes enfoques beneficiosos para administrar su energía durante la jornada.

Esto significa que, aunque muchos trabajadores pueden realizar alguna pausa ocasional o reorganizar sus actividades, son menos quienes combinan ambas estrategias de manera habitual.

La diferencia es relevante porque el estudio no plantea simplemente que descansar sea bueno. Su principal aportación está en mostrar que la recuperación y la organización pueden complementarse. Una persona puede tomar un breve descanso para recuperar energía y, al mismo tiempo, utilizar parte de ese momento para recuperar el control sobre lo que tiene que hacer.

Descansar no necesariamente significa ser menos productivo

Durante años, las pausas laborales han podido percibirse como una interrupción que compite directamente con la productividad. Sin embargo, los resultados de la investigación apuntan en otra dirección.

“Nuestros hallazgos sugieren que los empleados no tienen que elegir entre trabajar o tomar un descanso”, explicó Parker. De acuerdo con la especialista, es posible combinar actividades restaurativas con estrategias enfocadas en el trabajo dentro de una misma hora y obtener beneficios tanto para el bienestar como para el desempeño.

La idea resulta especialmente relevante en entornos donde los trabajadores pasan muchas horas frente a una computadora y pueden permanecer concentrados durante largos periodos sin modificar su postura o actividad.

Una pausa de unos minutos no necesariamente representa una pérdida de tiempo. Si permite recuperar energía, reducir la sensación de saturación y regresar a la tarea con mayor claridad, puede formar parte de una jornada laboral más sostenible.

El reto también está en las empresas

Los investigadores consideran que los resultados pueden tener implicaciones para las políticas de bienestar laboral. Parker señaló que existe una oportunidad para que los empleadores proporcionen a sus trabajadores información, herramientas y apoyo para gestionar mejor su energía.

Esto implica ir más allá de las iniciativas tradicionales centradas exclusivamente en productividad. Crear una cultura en la que las personas puedan levantarse, moverse, reorganizar sus prioridades o hacer una pausa breve sin sentir que están incumpliendo con sus responsabilidades podría favorecer tanto el bienestar como el desempeño.

El estudio también plantea que no existe una única manera de administrar la energía durante la jornada. Los investigadores identificaron cinco perfiles principales de gestión energética, entre los que se encuentra el denominado estratega activo, caracterizado por combinar microdescansos y organización del trabajo, y otro patrón más pasivo en el que predominan periodos prolongados de actividad sin pausas ni cambios significativos.

Las diferencias entre estos perfiles estuvieron relacionadas con los niveles de energía y motivación registrados durante las jornadas analizadas. Quienes utilizaban estrategias más activas mostraron indicadores más favorables tanto en sus respuestas personales como en algunas medidas fisiológicas.

Una pausa de unos minutos puede cambiar la jornada

La investigación de la Universidad de Queensland no propone que caminar por la oficina o conversar con un compañero sea una solución universal para todos los problemas del entorno laboral. Tampoco significa que cualquier descanso produzca automáticamente un aumento de productividad.

Su principal aportación está en mostrar que la forma en que los trabajadores administran su energía durante el día importa. Interrumpir brevemente una actividad, moverse, reorganizar las prioridades o reflexionar sobre los avances puede ayudar a evitar que la jornada se convierta en un periodo continuo de esfuerzo sin recuperación.

En lugar de considerar los descansos como tiempo perdido, los resultados invitan a entenderlos como parte de una estrategia de trabajo más saludable. La clave parece estar en encontrar un equilibrio entre recuperación y acción: detenerse unos minutos para recuperar energía y después regresar con mayor claridad sobre lo que realmente importa.

Para las empresas, el mensaje también es relevante. Facilitar que los empleados puedan gestionar mejor sus pausas y su carga de trabajo podría contribuir a construir entornos en los que la motivación y el bienestar no sean vistos como obstáculos para el rendimiento, sino como elementos que pueden ayudar a sostenerlo.