El escorpión más grande de la historia medía un metro y desconcierta a la ciencia: vivió cuando casi no había vida en tierra

15 de junio de 2026 · admin

El hallazgo, publicado recientemente en la revista científica Palaeontology, reescribe parte de la historia evolutiva de los artrópodos y plantea nuevas preguntas sobre cómo era la vida en la Tierra hace más de 400 millones de años.

El protagonista de esta investigación es Praearcturus gigas, una especie cuyos restos fósiles permanecieron durante más de 150 años en las colecciones del Museo de Historia Natural de Londres sin que se comprendiera completamente su verdadera identidad.

Cuando el paleontólogo británico Henry Woodward describió por primera vez estos fósiles en 1871, concluyó que pertenecían a un enorme crustáceo emparentado con las cochinillas marinas. Durante décadas, esa clasificación se mantuvo prácticamente sin cambios, dejando a Praearcturus atrapado en una especie de limbo taxonómico.

Fue hasta la década de 1980 cuando algunos investigadores comenzaron a sospechar que aquellos restos podrían pertenecer en realidad a un escorpión primitivo. Sin embargo, las pruebas disponibles eran insuficientes. Los fósiles estaban incompletos y carecían de uno de los rasgos más distintivos de estos arácnidos: la cola segmentada rematada por un aguijón.

La situación cambió gracias a nuevas investigaciones lideradas por especialistas de la Universidad de Mánchester y el Museo de Historia Natural de Londres.

El punto decisivo llegó tras el análisis de otro escorpión fósil descubierto en Canadá, conocido como Eramoscorpius. Este ejemplar presentaba una estructura anatómica específica: un esternón triangular atravesado por un surco central.

Según explicó el doctor Richard Howard, autor principal del nuevo estudio, Praearcturus poseía exactamente la misma característica.

«El Praearcturus es de una edad similar y también presenta esa estructura. Eso demuestra sin lugar a dudas que debe ser un escorpión», afirmó el investigador.

Para llegar a esta conclusión, el equipo recurrió a tomografías computarizadas, técnicas de dibujo científico mediante cámara lúcida y comparaciones detalladas con otros fósiles procedentes de yacimientos del Devónico británico.

Los resultados permitieron confirmar no solo la identidad del animal, sino también sus impresionantes dimensiones. Los científicos estiman que Praearcturus gigas alcanzaba aproximadamente un metro de longitud, mientras que sus pinzas podían medir más de 16 centímetros.

Lo más desconcertante del descubrimiento no es únicamente el tamaño del escorpión, sino el periodo en que vivió.

Praearcturus habitó la Tierra hace alrededor de 415 millones de años, durante el periodo Devónico temprano. En aquella época, la vida terrestre apenas comenzaba a desarrollarse. Los ecosistemas fuera del agua eran extremadamente simples: no existían bosques, las plantas recién iniciaban la colonización de las costas y la diversidad animal en tierra firme era muy limitada.

Además, la atmósfera aún no había alcanzado las elevadas concentraciones de oxígeno que millones de años después facilitarían la aparición de insectos gigantes y otros artrópodos de gran tamaño.

Entonces, ¿cómo logró este escorpión crecer tanto?

Para los investigadores, la respuesta podría residir en la ausencia de competidores y depredadores de gran tamaño.

«Esto sugiere que esta especie pudo crecer tanto porque no había otros grandes depredadores», señaló Howard.

En un entorno con escasa competencia, Praearcturus habría ocupado una posición privilegiada dentro de la cadena alimentaria, algo que habría sido mucho más difícil en ecosistemas posteriores, caracterizados por una mayor diversidad biológica.

Sin embargo, este escenario plantea otra incógnita importante: si los ecosistemas terrestres eran todavía rudimentarios, ¿de qué se alimentaba un depredador de semejante tamaño?

La evidencia fósil apunta hacia una posible respuesta acuática.

Algunos ejemplares hallados en Gales conservan estructuras abdominales denominadas epimeras, similares a las presentes en crustáceos modernos como las langostas y los cangrejos. Estas adaptaciones sugieren que Praearcturus pudo pasar parte importante de su vida dentro del agua.

«Sin ecosistemas complejos que lo sustentaran en tierra, estos animales probablemente pasaban parte de su vida cazando en el agua», explicó Howard.

De esta manera, el gigantesco escorpión habría combinado comportamientos acuáticos y terrestres, aprovechando recursos disponibles en ambos ambientes.

Los investigadores también identificaron superficies estriadas en algunas de sus extremidades. Estas estructuras podrían haber sido utilizadas para producir sonidos mediante un mecanismo denominado estridulación, empleado actualmente por ciertos artrópodos para la comunicación o la defensa.

Más allá del tamaño extraordinario del animal, el descubrimiento podría aportar información clave sobre la evolución temprana de los arácnidos.

Los estudios genéticos modernos indican que los escorpiones están estrechamente emparentados con arañas y otros arácnidos que poseen pulmones en forma de libro, órganos adaptados para respirar aire.

Esto sugiere que los ancestros de estos grupos habrían sido organismos terrestres.

Si esta hipótesis es correcta, Praearcturus podría representar un caso evolutivo poco común: una especie cuyos antepasados abandonaron el medio acuático para colonizar la tierra y cuyos descendientes habrían regresado posteriormente al agua.

Fragmentos fósiles descubiertos en Portishead, en el condado inglés de Somerset, sugieren además que este género podría haber sobrevivido durante otros 40 millones de años antes de extinguirse definitivamente.

Aun así, muchas preguntas permanecen sin respuesta.

Los científicos reconocen que será necesario encontrar nuevos fósiles para reconstruir con mayor precisión la historia evolutiva de este extraordinario depredador.

Después de pasar más de un siglo y medio resguardado en los depósitos de un museo, Praearcturus gigas vuelve hoy a captar la atención de la comunidad científica. Su existencia no solo redefine lo que se sabía sobre los primeros escorpiones, sino que recuerda que algunos de los mayores descubrimientos paleontológicos pueden estar esperando silenciosamente en una vitrina, a que la ciencia desarrolle las herramientas necesarias para revelar sus secretos.