Muchas personas tienen la costumbre de quedarse dormidas con la televisión encendida porque consideran que el sonido de fondo les ayuda a relajarse o a conciliar el sueño con mayor facilidad. Sin embargo, diversas investigaciones científicas advierten que este hábito puede tener consecuencias importantes para la salud, ya que altera la calidad del descanso, modifica procesos hormonales y aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas y cardiovasculares.
Evidencia publicada por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño coincide en que la combinación de luz artificial y estímulos sonoros durante la noche interfiere con el funcionamiento natural del organismo, incluso cuando la persona no es consciente de haberse despertado.
El cerebro sigue procesando sonidos mientras dormimos
Aunque durante el sueño el cuerpo entra en un estado de descanso, el cerebro continúa procesando parte de la información que recibe del entorno. Esto significa que los diálogos, la música, los cambios de volumen y otros sonidos provenientes de un televisor permanecen siendo analizados por el sistema nervioso incluso durante las fases más profundas del sueño.
De acuerdo con el estudio Light Exposure During Sleep Impairs Cardiometabolic Function, publicado por los NIH, estos estímulos generan microdespertares que fragmentan el descanso sin que la persona necesariamente lo recuerde al despertar.
La Organización Mundial de la Salud también señala, en sus directrices sobre ruido ambiental nocturno, que incluso niveles moderados de ruido pueden activar el sistema nervioso simpático, aumentar la presión arterial y dificultar que el organismo alcance un descanso verdaderamente reparador.
Además, el contenido que transmite la televisión tiene un componente emocional. Las conversaciones, los cambios de escena, la música o los efectos de sonido estimulan regiones cerebrales relacionadas con el procesamiento de emociones, como la amígdala, lo que dificulta permanecer durante suficiente tiempo en las fases de sueño profundo.
Como consecuencia, disminuye el tiempo dedicado a las etapas REM y N3, fundamentales para consolidar la memoria, favorecer el aprendizaje, reparar tejidos y recuperar energía.
La luz azul altera la producción de melatonina
Otro de los principales problemas es la luz emitida por las pantallas.
Los televisores modernos utilizan tecnología LED, que produce una importante cantidad de luz azul, considerada uno de los factores que más alteran el ritmo circadiano, el reloj biológico que regula los ciclos de sueño y vigilia.
La Academia Estadounidense de Medicina del Sueño explica que esta luz envía al cerebro la señal de que aún es de día, reduciendo la producción de melatonina, la hormona encargada de preparar al organismo para dormir.
Cuando la secreción de melatonina disminuye, el sueño tarda más en llegar, se vuelve menos profundo y disminuye la capacidad del cuerpo para realizar procesos esenciales de recuperación física y mental.
Diversos experimentos citados por la institución muestran que reducir la exposición a la luz azul antes de dormir puede incrementar la producción de melatonina en más del 50 %, mejorando tanto la calidad del descanso como el estado de alerta al día siguiente.
Un hábito relacionado con el aumento de peso
Dormir con la televisión encendida también podría tener efectos sobre el metabolismo.
El estudio Sleeping with Artificial Light at Night Linked to Weight Gain in Women, realizado por los NIH, encontró que las personas que duermen con una pantalla encendida presentan un 17 % más de probabilidades de aumentar de peso y hasta un 30 % más de riesgo de desarrollar obesidad clínica.
Los investigadores explican que la alteración del ritmo circadiano modifica la producción de diversas hormonas relacionadas con el apetito y el metabolismo.
Entre ellas se encuentran la leptina, encargada de generar sensación de saciedad, y la grelina, que estimula el hambre. Cuando estas hormonas se desequilibran, aumenta la probabilidad de consumir más alimentos y de acumular grasa corporal.
Asimismo, la exposición nocturna a la luz artificial puede alterar la respuesta del organismo a la insulina, favoreciendo la resistencia a esta hormona y aumentando el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
Los estudios indican que algunos de estos cambios fisiológicos pueden comenzar a producirse incluso después de una sola noche de exposición continua a la luz durante el sueño.
También afecta al corazón
Las consecuencias no se limitan al metabolismo.
Dormir de manera fragmentada impide que la presión arterial descienda adecuadamente durante la noche, un proceso normal que permite descansar al sistema cardiovascular.
Especialistas de Mayo Clinic advierten que la falta de sueño profundo puede incrementar el riesgo de hipertensión arterial, arritmias y otras enfermedades cardiovasculares.
La Organización Mundial de la Salud añade que la exposición repetida al ruido nocturno puede producir daño vascular a largo plazo debido a la activación constante de mecanismos de respuesta al estrés.
Niños y adolescentes son especialmente vulnerables
Los expertos consideran que los efectos pueden ser aún mayores durante la infancia y la adolescencia.
En estas etapas, el sueño desempeña un papel esencial en el crecimiento, el desarrollo cerebral, el aprendizaje y la regulación emocional.
La exposición constante a pantallas durante la noche puede alterar los ritmos hormonales propios del desarrollo, reducir el rendimiento escolar, afectar la memoria y aumentar problemas relacionados con el estado de ánimo.
Por ello, tanto la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño como Mayo Clinic recomiendan evitar por completo la presencia de televisores, computadoras, tabletas y teléfonos móviles en las habitaciones donde duermen niños y adolescentes.
Cómo favorecer un descanso de mejor calidad
Las principales recomendaciones de los especialistas coinciden en establecer una rutina que permita al organismo prepararse para dormir de forma natural.
Se aconseja apagar televisores, teléfonos celulares y otros dispositivos electrónicos al menos una hora antes de acostarse, mantener el dormitorio completamente oscuro y silencioso, y reservar la cama exclusivamente para dormir y descansar.
Los expertos también señalan que, aunque algunas personas recurren a medicamentos para dormir, estos solo deben utilizarse bajo supervisión médica y cuando exista una indicación clínica específica.
En conjunto, la evidencia científica sugiere que dormir con la televisión encendida es un hábito que puede parecer inofensivo, pero que interfiere con procesos fundamentales del organismo. Reducir la exposición a la luz y al ruido durante la noche no solo favorece un descanso más profundo, sino que también contribuye a proteger la salud metabólica, cardiovascular y mental a largo plazo.

