Uno de los trastornos hormonales más frecuentes entre las mujeres acaba de entrar en una nueva etapa médica y científica. El padecimiento conocido durante décadas como Síndrome de ovario poliquístico, o SOP, ahora será denominado SOMP, siglas de “síndrome ovárico metabólico poliendocrino”, según una investigación publicada el 12 de mayo en The Lancet.
El cambio busca reflejar con mayor precisión la complejidad de una condición que afecta mucho más que los ovarios y la fertilidad. Sin embargo, la nueva denominación también ha provocado dudas y controversia entre especialistas, pacientes y organizaciones de salud.
Actualmente, se estima que alrededor de 170 millones de personas en el mundo viven con este trastorno, aunque en muchos casos permanece sin diagnóstico o es mal interpretado tanto por pacientes como por médicos. La condición puede provocar periodos menstruales irregulares, infertilidad, acné, crecimiento excesivo de vello, pérdida de cabello y dolor pélvico, entre otros síntomas.
El SOP —ahora SOMP— es principalmente un trastorno hormonal relacionado con el exceso de andrógenos, hormonas comúnmente asociadas al sexo masculino pero que también están presentes en las mujeres. Se calcula que entre el 5% y el 10% de las mujeres presentan niveles elevados de estas hormonas.
Aunque durante años el enfoque médico estuvo centrado principalmente en la fertilidad y los problemas reproductivos, investigaciones recientes han demostrado que la condición también afecta de manera importante el metabolismo, el sistema endocrino y la salud general a largo plazo.
De acuerdo con el doctor Karl Hansen, director del departamento de Obstetricia y Ginecología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oklahoma, cerca del 80% de las personas con SOP presenta resistencia a la insulina, además de un mayor riesgo de desarrollar Diabetes tipo 2, obesidad, trastornos del sueño, depresión, enfermedades hepáticas y padecimientos cardiovasculares.
El diagnóstico del trastorno suele realizarse cuando una paciente presenta al menos dos de tres características principales: periodos menstruales irregulares o ausentes, signos de exceso de andrógenos —como crecimiento excesivo de vello— y múltiples pequeños quistes visibles en los ovarios mediante ultrasonido.
Precisamente, uno de los argumentos que impulsó el cambio de nombre es que los llamados “ovarios poliquísticos” no representan realmente la esencia del problema. Los especialistas explican que esos pequeños quistes son en realidad folículos ováricos inmaduros y funcionan más como una manifestación visible del trastorno que como su causa principal.
Tras 14 años de debates y consultas internacionales entre médicos, investigadores, pacientes y organizaciones de salud, el nuevo término SOMP fue propuesto para reflejar que la condición afecta múltiples sistemas del cuerpo y no únicamente la función reproductiva.
Quienes apoyan el cambio consideran que el nuevo nombre puede ayudar a mejorar el diagnóstico integral y evitar que las pacientes reciban atención fragmentada. Muchas mujeres consultan distintos especialistas dependiendo del síntoma predominante —como dermatólogos por acné, endocrinólogos por resistencia a la insulina o especialistas en fertilidad por problemas reproductivos— sin que exista una visión completa de la enfermedad.
Sin embargo, la nueva denominación no ha sido recibida con entusiasmo unánime. Algunas organizaciones y especialistas consideran que SOMP es un término todavía más complejo y difícil de comprender para las pacientes.
Sasha Ottey, directora ejecutiva de PCOS Challenge y diagnosticada con SOP desde 2008, cuestionó que el proceso de cambio no fuera lo suficientemente transparente ni incluyera una participación más amplia de pacientes y defensores de la salud.
Por su parte, el doctor Richard Legro, investigador de Penn State Health, reconoció que el nuevo nombre puede resultar difícil de entender, aunque también considera que podría contribuir a que las instituciones médicas y científicas comprendan que el trastorno va mucho más allá de la salud reproductiva.
Los especialistas coinciden en que, más allá del cambio de nombre, el objetivo principal es modificar la forma en que se aborda esta condición: no solo como un problema ginecológico, sino como un trastorno complejo que requiere atención integral, seguimiento metabólico y apoyo multidisciplinario.
Para las pacientes, el impacto inmediato probablemente será limitado y muchas seguirán escuchando ambos términos durante varios años. Sin embargo, los médicos esperan que el nuevo enfoque ayude a mejorar la detección temprana, la investigación científica y el tratamiento integral de una condición que históricamente ha sido subestimada y poco comprendida.
